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Homo Evolutis: ¿A que evolucionaremos?

>> martes, 10 de febrero de 2009

Juan Enríquez, CEO de Biotechonomy, aprovechó el marco de TED 2009 para hablar sobre la nueva especie humana que está emergiendo ante nuestros ojos. Gracias a nuestros avances en biotecnología y robótica, podríamos estar asistiendo a los primeros días de una nueva especie, a la que Enríquez llama Homo Evolutis ¿La humanidad podría resultar irreconocible en el lapso de unos pocos siglos? (Claro, suponiendo que aún exista la humanidad)

A pesar que la evolución humana basada en la selección natural parece haber llegado a su fin cuando el hombre creó la civilización, el Homo Sapiens podría dejar su lugar a una nueva especie, que surgiría gracias a las tecnologías desarrolladas por éste.

Cuando éramos una raza joven (no me doy el lujo de decir “primitiva” ya que hay mucha gente que se comporta así, primitivamente.), la selección natural hacía que los individuos más aptos tuviesen mayores posibilidades de tener descendencia, transmitiendo sus genes a una mayor cantidad de hijos. Aquellos que por algún motivo resultaban “poco apropiados” para desenvolverse por sí mismos, eran “castigados” por la naturaleza con una descendencia pobre o nula (y su carga genética se perdía). Sin embargo, en una sociedad civilizada la evolución dista mucho de ser “natural”. Ya no importa demasiado si no eres capaz de correr tan rápido como para cazar tu presa, o si tu visión nocturna es lo suficientemente aguda como para darle el equinazo a ese león que te quiere como cena.
La civilización ha permitido que individuos que no hubiesen podido sobrevivir más que unos días (horas o siquiera llegar vivos al nacimiento) en condiciones naturales lleguen a convertirse en adultos, tengan descendencia y, afortunadamente, vivan una vida como el resto (La civilización es la gran culpable de la sobre población). Sin embargo, los avances de la robótica y la biotecnología podrían hacer que la evolución humana, lejos de detenerse, tome un nuevo impulso. En lugar de cambiar muy lentamente como ocurre con la evolución natural, la humanidad podría resultar prácticamente irreconocible en el lapso de unos pocos siglos.

Tomemos por ejemplo el caso de los amputados que están recibiendo ayuda de las más modernas prótesis robóticas. En muchos casos, pueden caminar o utilizar sus manos artificiales, casi, tan bien como un miembro “normal”. De hecho, hay amputados que han estado a punto de participar en los juegos olímpicos, algo que muy pocos mortales consiguen. Y esto ocurre en un momento en el que el desarrollo de este tipo de tecnologías prácticamente está en pañales. ¿Qué podría hacer un miembro artificial dentro de, por decir algo, doscientos años? Si los exoesqueletos, que hoy son una especie de “rareza” y solo disponibles en forma de prototipos o modelos que realmente aportan poco a quien los usa, se siguen desarrollando (y tengan por seguro que lo harán), cualquiera podrá ser un verdadero Sansón o Hércules, dependiendo tus gustos. De hecho, puede que en un siglo o dos se considere “discapacitado” a quien no use uno. Serán tan comunes que los utilizaremos desde niños, y tal como ocurre con muchos insectos, los cambiaremos periódicamente por modelos más grandes.
Pero todas estas “muletas tecnológicas” no son nada a la par de lo que puede hacer la biotecnología. De hecho, y a pesar de que una herramienta robótica sofisticada puede hacer muchísimo por nosotros, siempre necesitaremos de un “mecánico” a mano para ponerlas a punto o una fuente de energía para que funcionen. Por mas durables y eficientes que las construyamos, siempre serán un “agregado extraño” en nuestros cuerpos. El hecho de que todos las usemos, tal como ocurre hoy con un reloj de muñeca, no significa que en algún momento comencemos a nacer con estos cacharros incorporados. Sin embargo, si trasteamos un poco con nuestros cuerpos, mediante técnicas de ingeniería genética, podremos transmitir todos los cambios a nuestros descendientes, modificando efectiva y definitivamente al Homo Sapiens. (“Doc, quítele lo bruto a mi hijo, no quiero que sea como su madre”)

Hemos sido capaces de crear clones de muchísimos seres vivos. Incluso se han creado seres que son la cruza de dos organismos absolutamente incompatibles entre sí, a veces “mezclando” animales con vegetales, como en el caso de las plantas de tabaco que brillan de noche como una luciérnaga. También podemos tratar mediante ingeniería genética enfermedades que hace solo diez años eran una sentencia de muerte para quien las padecía. De hecho, ya existen niños que nacen con una muy baja predisposición a contraer diferentes tipos de cáncer, gracias a la manipulación de sus genes. ¡Y a penas estamos empezando!Hace muy poco tiempo que hemos dado los primeros pasos “serios” en esta senda. Pasos que nos permitirán algún día modificar nuestros genes a voluntad. El proyecto Genoma Humano es uno de ellos. Saber qué función cumple cada uno de los millones de ladrillos que componen nuestra estructura más intima nos da el poder de hacer cambios en ella, cambios en la dirección que queramos y sin tener que esperar milenios a que la selección natural lo haga por nosotros. ¿Necesitamos brazos más largos? ¿Una piel más resistente? ¿Inmunidad a alguna enfermedad? ¿Dientes de mapache para roer paredes (perdón, mi vecina esta guapa)? No hay problema. La ingeniería genética puede, o podrá, hacerlo.

Por supuesto, no ocurrirá mañana. Las técnicas necesarias para efectuar cambios radicales en nuestros cuerpos necesitarán de unas cuantas décadas de experimentos para poder ser llevados a cabo con seguridad. Y también deberemos aprender a dominar el miedo (a veces bien fundamentado) que nos producen estas cosas. Muchos sectores conservadores, como la Iglesia, seguramente se opondrán al cambio. De hecho, es algo que vienen haciendo desde hace miles de años con cada tecnología nueva, tiene su lógica: es demasiado humano temer a lo desconocido. Pero tarde o temprano llegará un momento en que las técnicas de ingeniería genética, por avanzadas que sean, se conocerán al dedillo, como pasa hoy con las máquinas de vapor o la electricidad. Nadie temerá lo que pueda ocurrir si decir que sus hijos puedan nacer con un sexo determinado o con ocho dedos en cada mano.

El Homo Evolutis de Juan Enriquez es eso. Una nueva clase de hombre que surge de las cenizas de la humanidad actual, pero sin intervención de la naturaleza. Seremos algo diferente (vaya usted a saber qué) pero por nuestra propia decisión, y gracias a nuestras propias herramientas. Es muy difícil prever una dirección concreta para el cambio. De hecho hasta es posible que, como ha ocurrido antes, del tronco “Homo Sapiens” se desprendan más de una rama, cada una con sus características y quizás hasta incompatibles entre sí. Por ejemplo, aquellos que decidan que quieren pasar sus vidas en el espacio viajando hacia las estrellas modificarán sus organismos para soportar la falta de gravedad y quizás quieran tener dos brazos adicionales donde tienen hoy las piernas (¿quién necesita caminar en cero-g? e imagínense el sexo). Las colonias que alguna vez se establezcan en los fondos marinos probablemente quieran cambiar sus pulmones por branquias, para no depender de los vetustos equipos de buceo. Es muy difícil que ambos grupos, si alguna vez de encuentran de nuevo, puedan tener descendencia cruzada (de lo contrario, sus hijos se parecerán a Elba Esther Gordillo).

Es muy pronto para saber a dónde nos puede llevar el Homo Evolutis, o cómo será. Pero hay algo que es indudable: si no nos machacamos en alguna guerra estúpida, antes o temprano reemplazará al Homo Sapiens. Y sería de lo más lógico que lo hiciera. Al fin y al cabo, nada dura para siempre.

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Ejecutivos de Google podrían ir a la cárcel

>> jueves, 5 de febrero de 2009

En lo que podría ser un movimiento sin precedentes en la historia de Internet, el gigante de Mountain View enfrenta inconvenientes legales a través de cuatro ejecutivos que fueron detenidos apenas días atrás con cargos de "difamación y violación de la privacidad", en relación con un vídeo publicado en el (próximo a desaparecer) servicio de subida de vídeos de Google Video, en septiembre del año 2006. Si el enfrentamiento legal termina con resultado negativo para los detenidos, podrían enfrentar una pena máxima de 36 meses de prisión.

La razón de la acusación parte de un vídeo de tres minutos en el que se podía ver a tres estudiantes maltratando a un muchacho de 17 años con síndrome de Down. El vídeo en cuestión estuvo disponible para verse en el sitio durante casi dos meses, siendo retirado dentro de las 24 horas en las que Google recibió dos quejas, una de ellas proveniente de nada menos que del ministro del interior italiano. Si bien respondió de forma casi inmediata a las quejas, esto deja en claro que Google no revisó los contenidos publicados en su servicio. Tanto la ley americana como la europea indican que Google no está obligado a hacer dicha revisión, e incluso cuenta con cierta protección frente a demandas, siempre y cuando responda a las quejas en tiempo y forma.

Hasta aquí parece ser que Google cumplió con sus obligaciones legales, pero no es tan así para el fiscal italiano que lleva el caso, acusando a Google no como proveedor de servicios de Internet sino como "proveedor de contenidos" a través de la red. Bajo el código penal italiano, los proveedores de servicios no son responsables por el contenido publicado por terceros, pero los proveedores de contenidos sí lo son. Esto puede parecer un tecnicismo, pero lo cierto es que fue suficiente como para que los cuatro ejecutivos de Google fueran detenidos por la fuerza pública.

Es casi seguro decir que el tema de la privacidad será un eje central en el juicio. Google ha hecho una declaración muy interesante, en la que expresa que el caso está "mal direccionado", y equivale a hacerle juicio a una empresa de correos porque una persona recibe cartas de odio. Google se define como neutral en casos como este, y considera que el querer enjuiciar a sus ejecutivos implica un ataque directo a la Internet libre y abierta que tenemos hoy en día. Si en el juicio se llegara a la conclusión de que Google debió impedir la publicación del vídeo en cuestión, esto podría reescribir todo lo que conocemos tanto de privacidad como de derechos de autor.



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Sequoia

Se llama Sequoia y no es un árbol californiano que alcance tamaños descomunales. IBM tiene el proyecto de construir un sistema con un poder tan grande, que el término “supercomputadora” o “superordenador” pasará a formar parte de los libros de historia (además de quedarse estúpidamente corto) Tendrá una capacidad de procesamiento de 20 petaflops, ya se habla de un “hiperordenador”

Su nombre es Sequoia y se espera que alcance un estado completamente operacional entre 2011 y 2012. ¿Qué quién será el afortunadote en posar sus manos sobre semejante sistema bestial? Desgraciadamente ninguno de nosotros (sólo pienso cómo correrían mis juegos de Star Wars ahí) El Departamento de Energía de los Estados Unidos es el ganador. Para construir una computadora u ordenador de esta talla es necesario construir uno de menores capacidades (siento vergüenza al usar la palabra “menores” de sólo considerar su poder de procesamiento) para evaluar el diseño de Sequoia. Este hermano pequeño, que se llama Dawn tendrá una capacidad máxima de 500 terflops.

20 petaflops no sólo lo hace el más rápido del mundo. Me refiero a que todo el poder de procesamiento que pueden generar las 500 supercomputadoras existentes actualmente, estarán ahora dentro de un solo sistema. “Roadrunner”, creado también en tiempos poco pasados por IBM, se quedará unas veinte veces más lento que Sequoia. Las especificaciones técnicas son de miedo. Se estima que Sequoia tendrá más o menos 1.6 millones de núcleos de procesamiento (y nosotros los mortales analizando y discutiendo si es mejor tener más de cuatro), todos los chips de IBM y Linux corriendo (¿Qué, esperaban Windows 7?)

Cálculos preliminares indican que la computadora ocupará unos tres mil pies cuadrados (casi 278 metros cuadrados), dividida en 96 racks del tamaño de un refrigerador promedio. Además, su consumo de energía rondaría en los seis megawatts. Ahora, ¿Para qué se va a utilizar este ordenador? Para simular explosiones nucleares, pero podría ser utilizado para muchísimas cosas más, como predicción del clima o exploración petrolera.

Ahora, también da un poco de miedo. Por un lado, con semejante poder de procesamiento se podría quebrar cualquier clase de cifrado existente. Y por el otro, deberemos dar las gracias todos los días para que esa cosa no tome conciencia de sí misma. Si lo hace, lo que vimos en Terminator o Matrix se que quedará corto.

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Detector de... ¿Venas?

>> miércoles, 4 de febrero de 2009

Sony Morfiria, adiós a las huellas digitales. Hola a las venas,

Mofiria es la nueva tecnología de autenticación de personas mediante una lectura de la disposición de las venas de sus dedos, que la empresa podría Sony incorporar a los dispositivos móviles el próximo año. Está basado en una cámara que utiliza un sensor CMOS, y puede identificar a una persona en no más de 0.015 segundos.



¿Huellas dactilares? ¿Exploraciones retinales? Olvídalo. La manera más “top” de identificar a una persona es la lectura de la forma en que se ramifican las venas de sus dedos. O al menos, eso cree Sony, que acaba de anunciar un sistema denominado Morfiria que promete hacer nuestros gadgets prácticamente inviolables.

Preservar con seguridad la integridad de los datos que guardamos en nuestros teléfonos móviles (cada ves mas parecidos a una computadora) o en nuestras computadoras requiere de la memorización de contraseñas mas o menos complejas, que sean capaces de resistir un ataque por fuerza bruta. Esto es particularmente problemático cuando el dispositivo en cuestión está conectado a Internet. Si el sistema de Sony tiene éxito, el recordar contraseñas será algo del pasado: bastará con que llevemos nuestros dedos con nosotros.

Según los analistas de Sony, la tecnología de autenticación basada en la disposición y ramificación de las venas de un dedo del usuario no solo es mucho más fiable que cualquier otro sistema de seguridad biofísico, sino que pueden efectuarse lecturas más rápidas. Tal como ocurre con los pliegues de la piel que dan lugar a las huellas digitales o los patrones estampados en nuestras retinas, las venas difieren de una persona a otra y su disposición no cambia con los años. Esto le permitirá a quienes implementen Morfiria realizar transacciones comerciales con total seguridad desde una notebook con conexión wifi o incluso desde teléfonos móviles, ya que el sistema es lo suficientemente pequeño como para ser admitido “a bordo” de uno de estos cacharritos.

Parece que diferenciación entre las venas de una y otra persona es lo suficientemente grande como para que Morfiria tenga un índice de falsos rechazos menor al 0.1 por ciento. Además, es muy fácil de leer, gracias a la utilización de una luz infrarroja potente y un sensor CMOS similar al que incorporan las cámaras digitales. Según Sony, Morfiria puede identificar a una persona en solo 0,015 segundos cuando corre en un ordenador, y en un cuarto de segundo si se ejecuta sobre un teléfono móvil. Realmente, es bastante más rápido que introducir una larga contraseña.

Un detalle muy importante es que no es necesario tener el dedo colocado siempre de la misma forma frente al sensor, tal como ocurre con los sistemas actuales de identificación por huellas digitales. En Morfiria, el software es lo suficientemente inteligente como para “rotar” el “mapa” obtenido de la imagen y ver si encaja con los datos que están almacenados en el perfil del usuario.

Sony no ha sido la primera compañía en intentar diferenciarnos gracias a nuestras venas. Hace algunos meses Fujitsu lanzó un ratón que hace lo mismo que Morfiria, pero leyendo las venas de la palma de la mano.

Enlaces: Crítica Digital

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