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Un sistema inmunológico para la Tierra

>> miércoles, 1 de abril de 2009

Un argumento bastante usado por los escritores de ciencia ficción consiste en el exterminio de la raza humana por culpa de un virus que, por algún motivo oscuro, ha pasado de alguna raza animal (y hasta extraterrestre) al hombre. Nathan Wolfe, un reconocido “cazador de virus”, asegura que esto ocurre todo el tiempo y, además, que ha descubierto varios de ellos.


“Nuestro conocimiento de la diversidad viral en el planeta es insignificante. Ni siquiera sabemos el tamaño del iceberg. Sólo sabemos que la casi totalidad de esa diversidad viral está por descubrir y nos es desconocida. No tenemos ni idea de qué porcentaje está bajo el agua, pero seguramente es un gran porcentaje.” La frase anterior pertenece a Nathan Wolfe, que en los últimos años ha perturbado a más de uno con sus declaraciones. Nathan es un cazador de virus profesional, que participó en la ultima conferencia TED: Ideas Worth Spreading, desarrollada en California en febrero de este mismo año.

El especialista habló de sus experiencias en África, lugar al que ha viajado innumerables veces y donde ha logrado demostrar que hay un número increíble de virus que saltaron la -a veces delgada- barrera que separa a los animales de los humanos. Uno de los casos mas conocidos es, cómo no, el virus del sida. El problema, dice Wolfe, es que lo siguen haciendo. La cantidad de virus es tan enorme que, si se publicara una enciclopedia de 30 volúmenes sobre todas los organismos vivientes, 27 de ellos corresponderían a los virus conocidos hasta hoy y solamente los 3 restantes estarían dedicados a los otros animales. Si a esto le sumamos que solo conocemos un ínfimo porcentaje de los virus existentes, podemos hacernos una idea de la problema que tenemos entre manos. Justamente, la vida de Nathan Wolfe está dedicada a evitar las pandemias, a predecirlas, a combatirlas y a erradicarlas. En su trabajo combina métodos de la virología molecular, la biología evolutiva, la ecología y la antropología.



“Descubrimos nuevos virus continuamente. No es posible descubrir nuevos primates todo el tiempo por que ya hemos descubiertos la mayoría de ellos, pero ese no es el caso de los virus”, se entusiasma Nathan. “Existe un gran interés en los virus dañinos, pero la mayoría de ellos son neutrales, incluso algunos de ellos cooperan con sus huéspedes.”, aclara. “No todos son agentes con capacidad de tener efectos devastadores sobre la población humana de forma relativamente rápida”, prosigue. Por supuesto, la idea de que algunos cientos de miles de virus con una capacidad de contagio y habilidad para mutar continuamente como el SIDA están por ahí ocultos esperando saltar al hombre es poco tranquilizadora.


A Wolfe le preocupa la forma en que se efectúa el control global de enfermedades. En general, no suele estar supervisado por biólogos o científicos, sino por médicos o funcionarios de la salud pública. “Esperamos a que las pandemias ocurran y luego hacemos todo lo que podemos para controlarlas una vez en marcha”, dice. El especialista compara el estado actual del control de las enfermedades virales con el la forma en que se trataban enfermedades cardiovasculares hace cincuenta años: no se prevenían. “Nadie medía niveles de colesterol, ni controlaba la tensión arterial, ni se intentaba modificar los hábitos de fumar. Simplemente se esperaba al ataque cardíaco”, agrega. “Cuando hablamos de pandemias estamos igual, esperando al ataque cardíaco.”



Estamos a la espera de un ataque cardíaco


La apuesta de Nathan consiste en ponernos a pensar en qué forma podemos hacer un trabajo mucho mejor a la hora de predecir y prevenir las pandemias. Según Wolfe, tendríamos que ser capaces de llegar a un punto (en el futuro próximo) de convertirnos en tan buenos científicos como para lograr cazar la mayoría de esos virus, convirtiendo a una nueva pandemia en algo sumamente raro. “Lamentablemente, si se le pregunta a profesionales de salud pública, es muy posible que ni siquiera se les haya ocurrido que se hubiese podido prevenir la epidemia de VIH, y mucho menos que podamos conseguir que un día no haya más epidemias”, dice. Sería, ni más ni menos, poner el caballo por delante del carro, y en lugar de esperar a ser masacrados por un virus desconocido, prepararnos para su aparición y plantarle cara. Para ello el único camino es ponernos ya mismo a encontrar y estudiar toda la parte del iceberg que no vemos, de forma que el enemigo deje de ser un desconocido invulnerable.


Mientras tanto, epidemias de enfermedades tan fácilmente tratables como el dengue o la malaria siguen haciendo estragos a lo largo y ancho del planeta. Quizás ya sea hora de ponernos a trabajar en serio en estas cuestiones.

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>> viernes, 20 de febrero de 2009

Genoma Neandertal: No hubo sexo interespecie

Recientemente hablé de un estudio que informaba la finalización del genoma Neandertal. Esta especie extinta hace aproximadamente 30.000 años es la más cercana evolutivamente al ser humano moderno y comparando ambos ADNs se podría conocer información esencial sobre el pasado de nuestra especie. Una gran pregunta que quedaba por responder es si aquella especie tuvo algún impacto en la nuestra mediante reproducción. Parece ser que la respuesta es un rotundo no.

Hace sólo unos días publicamos una entrada sobre la finalización del genoma Neandertal en el instituto alemán Max Planck para la Antropología Evolucionaria. En tres años y con un costo total de 5 millones de euros, lograron secuenciar el genoma del ADN extraído de un hueso Neandertal. De esta manera se podría comparar su genoma con el de los humanos actuales (homo sapiens). La pregunta que quedaba por responder era si hubo cruce entre especies… o como a Max Ferzzola le gusta llamarlo, sexo interespecie.

Luego de muchos más estudios en el mismo instituto, se llegó a la conclusión de que la raza Neandertal nunca copuló con un humano moderno (aunque muchos de mis paisanos me plantean una duda personal), sin embargo, según el profesor Svante Paabo, ellos podían hablar tan bien como nosotros. Esto se debe a que aquella raza comparte el gen FOXP2, asociado con el habla y el lenguaje en el homo sapiens.

Mediante los estudios los científicos pudieron secuenciar un total de 3 mil millones de “letras”, que conforman 60% del genoma Neandertal. Este es un “primer boceto” del genoma, pero según dijo el profesor Paabo, nos puede dar pistas sobre las regiones genéticas que nos hacen humanos únicos.

“Siempre fue un sueño poder ver el ADN de nuestros parientes evolucionarios más cercanos”, dijo el profesor que integra el Instituto Max Planck. “Ahora que tenemos el genoma Neandertal podemos hacer una inspección más cercana a las partes del genoma humano donde sucedió un cambio que nos separó de los Neandertal”.

Esta especie es la más cercana a la raza humana ya que comparte de 99.5% a 99.9% a nuestra secuencia de ADN. Vivieron en Europa y en ciertas partes de Asia y se extinguieron hace aproximadamente 30.000 años. Siendo que es lo más cercano que tenemos a nuestro ADN, estudiar las diferencias nos puede dar información clave sobre por qué evolucionamos de la manera que lo hicimos.

Una de las preguntas que quedaban por responder era si los Neandertal tuvieron algún tipo de influencia en el ADN humano, posiblemente mediante reproducción. Pero en los estudios no se encontró evidencia de esto. De todos modos parecería ser que el Neandertal tuvo un impacto muy limitado en una variación encontrada en el humano moderno.

Finalmente el profesor Paabo no adjudica la extinción de nuestros parientes evolutivos a un problema en su genoma, sino de su interacción con su medioambiente o con los humanos modernos mismos. De todos modos, aclaró que el fin de la especie no es algo que se pueda ver en su secuencia del ADN.

Es emocionante ver como el pasado parece cobrar vida a medida que se dan a conocer estos resultados, pero tal como dice el profesor Paabo, aún quedan muchos estudios por realizar para poder ver la imagen completa y aún así, hay cosas que no se pueden saber ni con la secuencia completa del ADN. Mientras más rápido aceptemos que no lo podemos saber todo, podremos apreciar mejor aún lo que sí sabemos.

Enlace: BBC

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