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>> viernes, 20 de febrero de 2009

Genoma Neandertal: No hubo sexo interespecie

Recientemente hablé de un estudio que informaba la finalización del genoma Neandertal. Esta especie extinta hace aproximadamente 30.000 años es la más cercana evolutivamente al ser humano moderno y comparando ambos ADNs se podría conocer información esencial sobre el pasado de nuestra especie. Una gran pregunta que quedaba por responder es si aquella especie tuvo algún impacto en la nuestra mediante reproducción. Parece ser que la respuesta es un rotundo no.

Hace sólo unos días publicamos una entrada sobre la finalización del genoma Neandertal en el instituto alemán Max Planck para la Antropología Evolucionaria. En tres años y con un costo total de 5 millones de euros, lograron secuenciar el genoma del ADN extraído de un hueso Neandertal. De esta manera se podría comparar su genoma con el de los humanos actuales (homo sapiens). La pregunta que quedaba por responder era si hubo cruce entre especies… o como a Max Ferzzola le gusta llamarlo, sexo interespecie.

Luego de muchos más estudios en el mismo instituto, se llegó a la conclusión de que la raza Neandertal nunca copuló con un humano moderno (aunque muchos de mis paisanos me plantean una duda personal), sin embargo, según el profesor Svante Paabo, ellos podían hablar tan bien como nosotros. Esto se debe a que aquella raza comparte el gen FOXP2, asociado con el habla y el lenguaje en el homo sapiens.

Mediante los estudios los científicos pudieron secuenciar un total de 3 mil millones de “letras”, que conforman 60% del genoma Neandertal. Este es un “primer boceto” del genoma, pero según dijo el profesor Paabo, nos puede dar pistas sobre las regiones genéticas que nos hacen humanos únicos.

“Siempre fue un sueño poder ver el ADN de nuestros parientes evolucionarios más cercanos”, dijo el profesor que integra el Instituto Max Planck. “Ahora que tenemos el genoma Neandertal podemos hacer una inspección más cercana a las partes del genoma humano donde sucedió un cambio que nos separó de los Neandertal”.

Esta especie es la más cercana a la raza humana ya que comparte de 99.5% a 99.9% a nuestra secuencia de ADN. Vivieron en Europa y en ciertas partes de Asia y se extinguieron hace aproximadamente 30.000 años. Siendo que es lo más cercano que tenemos a nuestro ADN, estudiar las diferencias nos puede dar información clave sobre por qué evolucionamos de la manera que lo hicimos.

Una de las preguntas que quedaban por responder era si los Neandertal tuvieron algún tipo de influencia en el ADN humano, posiblemente mediante reproducción. Pero en los estudios no se encontró evidencia de esto. De todos modos parecería ser que el Neandertal tuvo un impacto muy limitado en una variación encontrada en el humano moderno.

Finalmente el profesor Paabo no adjudica la extinción de nuestros parientes evolutivos a un problema en su genoma, sino de su interacción con su medioambiente o con los humanos modernos mismos. De todos modos, aclaró que el fin de la especie no es algo que se pueda ver en su secuencia del ADN.

Es emocionante ver como el pasado parece cobrar vida a medida que se dan a conocer estos resultados, pero tal como dice el profesor Paabo, aún quedan muchos estudios por realizar para poder ver la imagen completa y aún así, hay cosas que no se pueden saber ni con la secuencia completa del ADN. Mientras más rápido aceptemos que no lo podemos saber todo, podremos apreciar mejor aún lo que sí sabemos.

Enlace: BBC

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Se completó el genoma Neandertal

>> miércoles, 11 de febrero de 2009

El genoma completo de un Neandertal de 38.000 años ha sido secuenciado por un grupo de científicos alemanes del instituto Max Planck en Leipzig. Con un costo de 5 millones de euros y luego de tres años de arduo trabajo, los científicos esperan poder hacer una comparación sin precedentes entre el humano moderno y sus parientes evolucionarios más cercanos. La pregunta que todos se hacen es... ¿hubo sexo interracial?


El proyecto del Instituto Max Planck para la Antropología Evolucionaria, con sede en Leipzig, ha dado los frutos esperados: la secuencia completa del genoma de un neandertal de 38.000 años está completa. La aventura duró 3 años y costó 5 millones de euros. En ese tiempo, y con ese dinero, Svante Pääbo y sus colegas de Max Planck trabajaron arduamente en secuenciar el genoma del ADN extraído del hueso de un neandertal encontrado en Croacia, cerca de la ciudad de Vindija.




La secuencia completa, que según la revista Nature será revelada en breve, servirá para comparar el genoma de los neandertales (Homo neanderthalensis) con el de los humanos (homo sapiens) y develar, de una vez y por todas, si hubo cruce entre especies (o sea, si hubo sexo interracial). Además, esta secuencia daría pistas sobre cómo fue el desarrollo de esta especie, sus características físicas y cómo se adaptaron al medioambiente y se inmunizaron ante las enfermedades. Con una similitud del 99%, y aunque el genoma esté completo, aún queda mucho por hacer. Richard Green, un biólogo informático, será el encargado de comparar los 3 mil millones de pares bases del genoma, en busca de alguna pista.

Edward Rubin, director del Genome Institute, quien también estaba trabajando en el ADN extraído de este hueso, se muestra confiado. “Tengo toda razón para creer que esta será la auténtica secuencia de un Neandertal”, dijo Rubin a Nature. ¿Por qué habría razones para dudar? Se creía que el ADN neandertal había sido contaminado por ADN de humano moderno. Pero luego de un análisis de las mitocondrias del genoma los científicos desestimaron la posibilidad.

Lo cierto es que 38.000 años es mucho tiempo y la degradación del ADN era la esperada (fragmentos de 50-60 pares bases). Pero gracias a una tecnología desarrollada por la empresa 454 Life Sciences, los científicos pudieron completar su tarea. Más aún, recientemente el grupo de Max Planck ha logrado extraer ADN de otros cinco neandertales, así que están en camino de crear una librería de genomas que permitirían mejores comparaciones y estudios. Y no, no hay planes de revivir al neandertal, como se hizo con la cabra montés o se quiere hacer con el mamut.


Enlace Nature

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Homo Evolutis: ¿A que evolucionaremos?

>> martes, 10 de febrero de 2009

Juan Enríquez, CEO de Biotechonomy, aprovechó el marco de TED 2009 para hablar sobre la nueva especie humana que está emergiendo ante nuestros ojos. Gracias a nuestros avances en biotecnología y robótica, podríamos estar asistiendo a los primeros días de una nueva especie, a la que Enríquez llama Homo Evolutis ¿La humanidad podría resultar irreconocible en el lapso de unos pocos siglos? (Claro, suponiendo que aún exista la humanidad)

A pesar que la evolución humana basada en la selección natural parece haber llegado a su fin cuando el hombre creó la civilización, el Homo Sapiens podría dejar su lugar a una nueva especie, que surgiría gracias a las tecnologías desarrolladas por éste.

Cuando éramos una raza joven (no me doy el lujo de decir “primitiva” ya que hay mucha gente que se comporta así, primitivamente.), la selección natural hacía que los individuos más aptos tuviesen mayores posibilidades de tener descendencia, transmitiendo sus genes a una mayor cantidad de hijos. Aquellos que por algún motivo resultaban “poco apropiados” para desenvolverse por sí mismos, eran “castigados” por la naturaleza con una descendencia pobre o nula (y su carga genética se perdía). Sin embargo, en una sociedad civilizada la evolución dista mucho de ser “natural”. Ya no importa demasiado si no eres capaz de correr tan rápido como para cazar tu presa, o si tu visión nocturna es lo suficientemente aguda como para darle el equinazo a ese león que te quiere como cena.
La civilización ha permitido que individuos que no hubiesen podido sobrevivir más que unos días (horas o siquiera llegar vivos al nacimiento) en condiciones naturales lleguen a convertirse en adultos, tengan descendencia y, afortunadamente, vivan una vida como el resto (La civilización es la gran culpable de la sobre población). Sin embargo, los avances de la robótica y la biotecnología podrían hacer que la evolución humana, lejos de detenerse, tome un nuevo impulso. En lugar de cambiar muy lentamente como ocurre con la evolución natural, la humanidad podría resultar prácticamente irreconocible en el lapso de unos pocos siglos.

Tomemos por ejemplo el caso de los amputados que están recibiendo ayuda de las más modernas prótesis robóticas. En muchos casos, pueden caminar o utilizar sus manos artificiales, casi, tan bien como un miembro “normal”. De hecho, hay amputados que han estado a punto de participar en los juegos olímpicos, algo que muy pocos mortales consiguen. Y esto ocurre en un momento en el que el desarrollo de este tipo de tecnologías prácticamente está en pañales. ¿Qué podría hacer un miembro artificial dentro de, por decir algo, doscientos años? Si los exoesqueletos, que hoy son una especie de “rareza” y solo disponibles en forma de prototipos o modelos que realmente aportan poco a quien los usa, se siguen desarrollando (y tengan por seguro que lo harán), cualquiera podrá ser un verdadero Sansón o Hércules, dependiendo tus gustos. De hecho, puede que en un siglo o dos se considere “discapacitado” a quien no use uno. Serán tan comunes que los utilizaremos desde niños, y tal como ocurre con muchos insectos, los cambiaremos periódicamente por modelos más grandes.
Pero todas estas “muletas tecnológicas” no son nada a la par de lo que puede hacer la biotecnología. De hecho, y a pesar de que una herramienta robótica sofisticada puede hacer muchísimo por nosotros, siempre necesitaremos de un “mecánico” a mano para ponerlas a punto o una fuente de energía para que funcionen. Por mas durables y eficientes que las construyamos, siempre serán un “agregado extraño” en nuestros cuerpos. El hecho de que todos las usemos, tal como ocurre hoy con un reloj de muñeca, no significa que en algún momento comencemos a nacer con estos cacharros incorporados. Sin embargo, si trasteamos un poco con nuestros cuerpos, mediante técnicas de ingeniería genética, podremos transmitir todos los cambios a nuestros descendientes, modificando efectiva y definitivamente al Homo Sapiens. (“Doc, quítele lo bruto a mi hijo, no quiero que sea como su madre”)

Hemos sido capaces de crear clones de muchísimos seres vivos. Incluso se han creado seres que son la cruza de dos organismos absolutamente incompatibles entre sí, a veces “mezclando” animales con vegetales, como en el caso de las plantas de tabaco que brillan de noche como una luciérnaga. También podemos tratar mediante ingeniería genética enfermedades que hace solo diez años eran una sentencia de muerte para quien las padecía. De hecho, ya existen niños que nacen con una muy baja predisposición a contraer diferentes tipos de cáncer, gracias a la manipulación de sus genes. ¡Y a penas estamos empezando!Hace muy poco tiempo que hemos dado los primeros pasos “serios” en esta senda. Pasos que nos permitirán algún día modificar nuestros genes a voluntad. El proyecto Genoma Humano es uno de ellos. Saber qué función cumple cada uno de los millones de ladrillos que componen nuestra estructura más intima nos da el poder de hacer cambios en ella, cambios en la dirección que queramos y sin tener que esperar milenios a que la selección natural lo haga por nosotros. ¿Necesitamos brazos más largos? ¿Una piel más resistente? ¿Inmunidad a alguna enfermedad? ¿Dientes de mapache para roer paredes (perdón, mi vecina esta guapa)? No hay problema. La ingeniería genética puede, o podrá, hacerlo.

Por supuesto, no ocurrirá mañana. Las técnicas necesarias para efectuar cambios radicales en nuestros cuerpos necesitarán de unas cuantas décadas de experimentos para poder ser llevados a cabo con seguridad. Y también deberemos aprender a dominar el miedo (a veces bien fundamentado) que nos producen estas cosas. Muchos sectores conservadores, como la Iglesia, seguramente se opondrán al cambio. De hecho, es algo que vienen haciendo desde hace miles de años con cada tecnología nueva, tiene su lógica: es demasiado humano temer a lo desconocido. Pero tarde o temprano llegará un momento en que las técnicas de ingeniería genética, por avanzadas que sean, se conocerán al dedillo, como pasa hoy con las máquinas de vapor o la electricidad. Nadie temerá lo que pueda ocurrir si decir que sus hijos puedan nacer con un sexo determinado o con ocho dedos en cada mano.

El Homo Evolutis de Juan Enriquez es eso. Una nueva clase de hombre que surge de las cenizas de la humanidad actual, pero sin intervención de la naturaleza. Seremos algo diferente (vaya usted a saber qué) pero por nuestra propia decisión, y gracias a nuestras propias herramientas. Es muy difícil prever una dirección concreta para el cambio. De hecho hasta es posible que, como ha ocurrido antes, del tronco “Homo Sapiens” se desprendan más de una rama, cada una con sus características y quizás hasta incompatibles entre sí. Por ejemplo, aquellos que decidan que quieren pasar sus vidas en el espacio viajando hacia las estrellas modificarán sus organismos para soportar la falta de gravedad y quizás quieran tener dos brazos adicionales donde tienen hoy las piernas (¿quién necesita caminar en cero-g? e imagínense el sexo). Las colonias que alguna vez se establezcan en los fondos marinos probablemente quieran cambiar sus pulmones por branquias, para no depender de los vetustos equipos de buceo. Es muy difícil que ambos grupos, si alguna vez de encuentran de nuevo, puedan tener descendencia cruzada (de lo contrario, sus hijos se parecerán a Elba Esther Gordillo).

Es muy pronto para saber a dónde nos puede llevar el Homo Evolutis, o cómo será. Pero hay algo que es indudable: si no nos machacamos en alguna guerra estúpida, antes o temprano reemplazará al Homo Sapiens. Y sería de lo más lógico que lo hiciera. Al fin y al cabo, nada dura para siempre.

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